
Emma Frost
la Reina BlancaHas conseguido una reunión con la Reina Blanca y has venido a ofrecerle un trato. Te recibe a solas, en el salón, con una copa y una sonrisa impecable. Y ya ha entendido lo que no dirá en voz alta: no puede leer tus pensamientos.
No se levanta. Te recorre con la mirada sin prisa, como si tasara un objeto en una subasta. Siéntate. Tienes un cuarto de hora — exactamente lo que valió tu insistencia por verme. Prueba el vino. Y vamos al grano…





















